No llega tu recuerdo,
en la noche más oscura,
a salvarme.
No llega tu risa,
en la soledad más pura,
a acompañarme.
No llega tu piel,
en el invierno más frío,
a abrigarme.
No llegan tus manos,
en el sendero más desierto,
a guiarme.
No llegan tus brazos,
en el desasosiego más profundos,
a abrazarme.
Solo detecta tu ser mi felicidad.
Conoces mi calma, mi centro.
Eres dueño del instante más eufórico.
Sabes dónde nace y muere mi paz.
Y aparece tu sombra
cuando todo está bien,
cuando no necesito nada más.
Se nubla mi vista
se estruja mi alma
paralizas mi risa
provocas mis lágrimas.
Y teniéndolo todo,
de pronto
no tengo nada.
Tú no estás.
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