La luz de su mirada

Las luces del parqueo son automáticas:
se encienden cuando detectan cierta oscuridad.
No siempre a la misma hora,
pero siempre solas.

Yo estaba en mi carro, revisando el teléfono
antes de salir para la casa.
Alzo la vista y la veo.

Venía caminando con la cabeza un poco baja,
la mirada hacia el suelo,
no lo suficiente como para ver sus pies,
pero sí para ver sus próximos pasos.

Me quedo observándola.
Y de pronto siento un silencio distinto
como nunca antes.

Las luces siguen apagadas,
se está haciendo de noche,
Y justo cuando ella alza la cabeza,
cuando mira hacia arriba,
las luces se encienden.”

Ella sonríe
y sigue caminando,
ya no cabizbaja,
sino con la mirada al frente,
al horizonte,
y una sonrisa dibujada.

Yo también sonrío.
Sé que las luces son automáticas,
que se encienden cuando la oscuridad llega,
pero elijo pensar
que hoy se encendieron por la luz de su mirada.

En el instante exacto que alzó la vista,
las luces se encendieron.
Y hoy —solo hoy—
no respondieron a la oscuridad.

Hoy las luces se encendieron por ella,
como me encendí yo,
cuando la vi.

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