Inhabitables

Una vez tuve un amor:
un amigo,
un amante,
mi alma gemela,
mi espejo,
mi confesor.

Pero no había espacio para él.

Traté de hacerlo,
a la fuerza,
rompiendo algo,
sin preguntar siquiera
si quería quedarse.

Y comenzó su vaivén,
cada vez más fuerte,
más intenso,
desgarrándome.

Cerraba los ojos
intentando sostenerlo,
pero no pude.

Pasó el tiempo.
Bajé la vista,
se encorvaron mis hombros
y mis manos comenzaron a abrirse,
dejándolo ir.


Una vez tuve una flor,
el amor de mi vida,
mi mejor canción.

Pero no había espacio:
ni para ella,
ni para mí,
ni para los dos.

Y me volví loco.

Corrí de un lado a otro,
torpe,
imprudente.

El aire apretaba mi cuello.
Respiraba hondo.

Corrí más fuerte
y por no romper mi casa,
rompí la suya.

Pero no lograba encontrar
un espacio para los dos.

Me detuve.
No me miraba.
Tenía la cabeza baja.
Se encorvaban sus hombros,
y sus manos me soltaban.

Intenté alejarme,
pero no pude.

Me quedé inerte,
ahogado.

Vi los escombros de su casa,
mientras la mía tenía luces.

Y solo pude,
con el alma rota,
ver cómo ella se alejaba.

Jazmín

He sentido tu aroma en mis labios
y he podido saborear tu recuerdo.
No sabía que eras tú
pero he cerrado los ojos,
no hay forma de olvidarte, sí eres.
Nunca antes te había probado.

Han pasado muchos años
y todavía te menciono.
Casi todos han escuchado una historia tuya.
Sonrío siempre que hablo de ti.

Siento tanta nostalgia.
Me fui sin despedirme,
me pregunto si seguirás allí.

Las noches más simples las viví contigo,
cuando respirarte lo era todo.

Fuiste testigo silencioso
sombra de nuestra felicidad,
de los altos y bajos.
Nos acompañaste cuando éramos todos
cuando estábamos completos.

Antes de rompernos vivimos a tu lado.

Iré a verte de nuevo, no sé si te encontraré
de no hacerlo le hablaré a tu recuerdo,
a tus raíces que un día fueron las nuestras.
Te contaré que estamos todos lejos,
que algunos ya se fueron.
Te hablaré de los que no conoces,
los más nuevos, los que llegaron luego.

Puede que no estés pero un día iré.

Verás como han pasado los años
y puede que reconozcas en mi rostro
algunos rasgos de quienes llegaron primero.
Lloraré y reiré y sin parar, con nostalgia,
paz, añoranza y anhelo.

Te respiraré por última vez aunque no te pueda ver.
Me aferraré a tu recuerdo ahora que nosotros
como ellos, también nos estamos quedando sin tiempo.

No tengo nada

No llega tu recuerdo,
en la noche más oscura,
a salvarme.

No llega tu risa,
en la soledad más pura,
a acompañarme.

No llega tu piel,
en el invierno más frío,
a abrigarme.

No llegan tus manos,
en el sendero más desierto,
a guiarme.

No llegan tus brazos,
en el desasosiego más profundos,
a abrazarme.

Solo detecta tu ser mi felicidad.
Conoces mi calma, mi centro.
Eres dueño del instante más eufórico.
Sabes dónde nace y muere mi paz.

Y aparece tu sombra
cuando todo está bien,
cuando no necesito nada más.

Se nubla mi vista
se estruja mi alma
paralizas mi risa
provocas mis lágrimas.

Y teniéndolo todo,
de pronto
no tengo nada.

Tú no estás.

Dejarte ir

No logro dejarte ir.

Cuando duermo a tu lado
pero no sueño contigo.
Cuando sueño contigo, noche tras noche,
pero nunca he dormido a tu lado.

Cuando te miro y siento que te quiero
pero ya no te amo.
Cuando te miro y sé que te amo.

Cuando camino sin tomar tu mano.
Cuando caminamos juntos anhelando entrelazarnos.

Cuando ya no hacemos el amor.
Cuando nos deseamos más que nunca,
sin siquiera tocarnos.

Cuando intento seguir.
Cuando me aferro a la pausa
esperando que sea el fin.

No logro dejarte ir
ni hablarte mirándote a lo ojos sin pensarte.
Y ya no sé si estoy mejor contigo o sin ti.

Se han fundido
y no he podido discernir en quién pensaba,
cuando esta mañana en silencio,
me he gritado —¡no logro dejarte ir!

El faro

No puedo evitar pensarte;
es tarde, tarde en la noche,
tarde en nuestras vidas.
Tarde para los dos.

Una luz tenue ilumina mi espacio
mientras preguntas si veo la luna,
mirándola fijamente te la enseño,
—que bonito, amor —has dicho
—mucho —he respondido.

En medio de tanto silencio
tu respiración cortada por el caos
irrumpe en mi habitación;
no dejo de mirar el faro,
tan mío, tan tuyo, de nadie, de los dos.

Blog at WordPress.com.

Up ↑