Versos

  • Inhabitables

    Una vez tuve un amor:
    un amigo,
    un amante,
    mi alma gemela,
    mi espejo,
    mi confesor.

    Pero no había espacio para él.

    Traté de hacerlo,
    a la fuerza,
    rompiendo algo,
    sin preguntar siquiera
    si quería quedarse.

    Y comenzó su vaivén,
    cada vez más fuerte,
    más intenso,
    desgarrándome.

    Cerraba los ojos
    intentando sostenerlo,
    pero no pude.

    Pasó el tiempo.
    Bajé la vista,
    se encorvaron mis hombros
    y mis manos comenzaron a abrirse,
    dejándolo ir.


    Una vez tuve una flor,
    el amor de mi vida,
    mi mejor canción.

    Pero no había espacio:
    ni para ella,
    ni para mí,
    ni para los dos.

    Y me volví loco.

    Corrí de un lado a otro,
    torpe,
    imprudente.

    El aire apretaba mi cuello.
    Respiraba hondo.

    Corrí más fuerte
    y por no romper mi casa,
    rompí la suya.

    Pero no lograba encontrar
    un espacio para los dos.

    Me detuve.
    No me miraba.
    Tenía la cabeza baja.
    Se encorvaban sus hombros,
    y sus manos me soltaban.

    Intenté alejarme,
    pero no pude.

    Me quedé inerte,
    ahogado.

    Vi los escombros de su casa,
    mientras la mía tenía luces.

    Y solo pude,
    con el alma rota,
    ver cómo ella se alejaba.

Blog at WordPress.com.

Up ↑